La importancia de hacerse un reportaje familiar


Hace unos días publiqué un post sobre un precioso reportaje de familia en la playa de la Concha en Donosti.
Hoy os quiero mostrar otro reportaje de familia realizado en el estudio.

Siempre os comento la importancia que tiene hacerse por lo menos una vez en la vida un reportaje fotográfico con nuestros seres queridos.
Los días pasan volando y para cuando nos queramos dar cuenta, están los hijos haciendo sus vidas y los padres mayores, o simplemente ya no están.

Nos lamentamos continuamente de no tener fotografías bonitas y profesionales con los abuelos, con los padres, con los hermanos, con nuestras mascotas….

A mi misma me está costando, decidirme por coger una tarde, llamar a mis padres y mi hermana, para plantarnos en el estudio y hacernos cuatro fotografías juntos.
Entramos en una rutina tan absorbente, que salirse de ella parece todo una prueba de superación.

Y en realidad no cuesta tanto, fijar una tarde o una mañana para pasar aunque sea un par de horas juntos mientras nos toman fotografías.

Sé que son muchas las personas que no le dan importancia a las fotografías. Al final es una simple imagen inmortalizada en digital o en papel.
Además con los selfies y las fotografías de móvil vamos servidos.

Yo no pienso lo mismo.

Unas fotografías de familia, no son sólo las imágenes, son cada segundo antes y después de tomar esa fotografía.
Esos momentos que te vienen a la cabeza cuando se llegó a tomar esa imagen. Sensaciones y recuerdos.

Cuando llego a casa de mis padres, y veo todos los cuadros con fotografías que están colgadas en las paredes, no puedo evitar,
que por unos microsegundos mi mente se vaya haciaesos momentos y esos lugares.

Entonces es cuando me aflora esa dulce nostalgia y doy gracias a esas imágenes por existir que tanto me ayudan a tener vivos mis recuerdos.

Este reportaje familiar estaba planeado para hacerse hace mucho, hasta que un día los padres tomaron definitivamente
la agenda por las solapas y sacaron un rato para venir al estudio.

Fue un reportaje muy divertido, me lo pasé en grande. La familia entera encantadora. De un espacio tan reducido se pueden sacar tantos buenos momentos, risas, y gestos!

Nunca, nunca olvidaré, cuando la madre de estos tres niños abrió su álbum fotográfico con las lágrimas rodándole por las mejillas.

Me fui feliz, satisfecha y llena de buenos recuerdos a casa :)

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